domingo, 23 de abril de 2017

Una escritora en el Infierno. Arresto y prisión de Asli Erdogan.






Después del fallido golpe de Estado del quince de julio de dos mil dieciséis, una oleada de furiosa represión ha golpeado, y continúa golpeando, a Turquía, país que es –según dicen- uno de nuestros aliados en la guerra contra el terrorismo. Funcionarios, policías, académicos y ciudadanos de a pie están siendo despedidos, sancionados o encarcelados por supuestos delitos de sedición que nadie ha podido probar. La escritora Asli Erdogan (1967) es una de esas personas que desde hace meses ha cambiado su hogar por las cuatro paredes de una celda. El dieciséis de agosto fue detenida en su casa de Estambul, acusada de intentar destruir el Estado Turco y ser miembro del PKK.
Detonante de la detención parece haber sido su colaboración con la publicación kurda Özgur Gündem. Las penosas condiciones de su cautiverio, sus problemas de salud y los malos tratos recibidos, se conocieron a través de una carta que la prisionera ha podido hacer salir de la cárcel de mujeres de Barkirköy. Al margen de dudosas acusaciones contras ella enmarcadas en una purga general e indiscriminada, las razones que da la autora para su detención merecen ser tenidas en cuenta:

Soy escritora, trabajo por la conciencia de la humanidad. No se trata de ser turco o kurdo, se trata de la condición humana. Estoy en prisión porque he escrito sobre las atrocidades que ha cometido Turquía, y es mi deber escribir sobre tales actos. El hecho de que ni siquiera soy kurda explica mejor, si cabe, mi arresto. El gobierno turco persigue amedrentar precisamente a aquellos que no se muestran especialmente activos en la política kurda. No quieren que ningún demócrata, ni intelectual, ni “turco blanco” se ponga del lado kurdo. Ese es el verdadero objetivo de toda la operación.


                “Turcos blancos” designan en Turquía a los miembros de la sociedad urbana y laica, por oposición a los “turcos negros”, religiosos y de ámbito rural. Esta distinción es solo una muestra más del grado de división política que está sufriendo el país, en medio de una pérdida general de las garantías y derechos democráticos. Pero el inquietante destino de Asli Erdogan se puede englobar en un proceso histórico más amplio, de mayores características, en el que las posiciones políticas autoritarias se refuerzan y comienzan a mostrar el rostro siniestro de una amenaza mortal. Un nuevo despotismo parece haber tomado posesión de la vida política de algunos países, que se tornan más amenazantes con sus vecinos en el exterior y más opresivos con los disidentes políticos o minorías étnicas y religiosas en el interior. Bajo formas diferentes y condiciones particulares, se trata siempre de la misma fiebre autoritaria. Dicha fiebre, alimentada por la corrupción y la sed de poder, se manifiesta bajo formas iniciales de identidad, nacionalismo, etnicidad y miedo. Su fin inevitable conduce a la cárcel o al cementerio, y quizá por eso en el libro del Destino los nombres de Asli Erdogan y Anna Politkovskaya estén escritos en la misma línea.

El espectro del autoritarismo ha irrumpido en el siglo XXI y lo está haciendo suyo. La erosión de las instituciones democráticas por todo el mundo es un hecho palpable; las aventuras militares unilaterales van de la mano con el desprecio absoluto por la población civil de los países en conflicto a los que hasta la condición de refugiado se pretende negar en países en los que aparentemente rige aún el imperio de la ley. Mientras que cínicamente muchos aún levantan la bandera de la libertad y del humanitarismo, radicalismos y populismos identitarios están emergiendo del subsuelo y por entre los resquicios de carcomidas estructuras políticas. Al mismo tiempo, enamorados de la voluntad de poder, titanes de una nueva edad, están convocando fuerzas incontrolables de consecuencias imprevisibles. En un proceso histórico semejante al que se vive con matices en todo el mundo, resulta coherente que la libertad de expresión o de pensamiento desaparezcan, y que, por el hecho de haber colaborado en un diario contrario al gobierno, una escritora inocente pueda ser encarcela, pese a las peticiones internacionales para ponerla en libertad, la última recientemente en la inauguración de la feria del libro de Frankfurt.

Si contemplamos el destino que sufre Asli Erdogan, concederemos que sus obras contienen elementos casi proféticos. La autora que en Pájaros de Madera describía las vidas de mujeres internas en un sanatorio con la progresiva disolución de su identidad y que en El Edificio de Piedra mostraba las penalidades del confinamiento padecidas por quienes habitualmente no tienen voz para denunciarlo, está sufriendo ahora en propia carne el hecho de haberse atrevido a ser la voz de quien clama en el desierto. Si su novela La ciudad de la esclavina roja, ambientada en Río de Janeiro, está escrita en clave de catábasis y descenso a las profundidades del dolor. Pero, ahora es a la propia autora a la que vemos confinada en la oscuridad, en la mazmorra de los condenados, como se lee en su carta de puño y letras:

Entretanto he podido dejar el aislamiento y ser confinada en una celda con otras veintiuna mujeres…. Los cuidados higiénicos son responsabilidad de las internas. Las reclusas son especialmente sensibles a la cuestión. Con nuestro propio dinero compramos los instrumentos de limpieza necesarios y aseamos la celda casi todos los días. … Cualquier cosa aquí es un problema y una auténtica batalla. El acceso a la enfermería para obtener las medicinas que necesito, recoger la ropa que me puedan hacer llegar, ¡o simplemente el hecho de tener libros! Debido a las exigencias del estado de excepción y puesto que no tengo marido, ni hermanos ni hijos, tan solo puedo recibir visitas de mi madre., lo que para una mujer de setenta y dos años es una carga de un peso enorme.

La ciudad de la esclavina roja ha resultado profética, y no sólo por el hecho de que el personaje principal sufriera el secuestro y la tortura de la policía. En La Ciudad de la esclavina roja el tema central es el descenso al fondo de un enloquecido océano de dolor, miseria y desesperación, al tiempo que la propia identidad se desdibuja en medio de las agitadas olas del sufrimiento. La ciudad en sí reviste una imagen de muerte y padecimiento. En un momento de la novela, la autora narra el encuentro inesperado con una niña negra, una imagen viva del sufrimiento humano y cuyos guantes de portero sugieren que ha asumido el papel de una especie de guardián de la puerta al mundo de la muerte, un Hermes negro femenino. El contexto del encuentro sugiere una atmósfera de encantamiento que apunta a la magia negra y el Candomblé. El aspecto de la niña es eminentemente africano por su aspecto racial, vestido y adornos, mientras que el maquillaje hace que sus labios parezcan una herida abierta y sangrante. Esta imagen de una herida roja, aún abierta, de un ser sufriente que desaparece de manera tan inopinada como había aparecido, es el punto culminante de la novela donde se materializa a través de un personaje femenino todo el dolor humano, una especie de Cristo que adopta formas étnicas y femeninas. Quizá solo las imágenes míticas, que la autora emplea y conoce con tanta maestría, alcanzan a reflejar el sufrimiento que padece la humanidad y que singularmente padece en el mismo instante en que se escriben estas líneas ella misma, la propia Asli Erdogan. De nuevo la imagen mítica concurre en su historia El Cautivo (perteneciente a El edificio de piedra) con la aparición de elemento onírico al final del relato. Se trata del sueño con una divinidad femenina en cuyo seno viven las criaturas del mar y los hombres fugitivos. Esta idea del lugar en que finalmente todos se reúnen, sea un mar primordial, sea el seno de una divinidad femenina generadora, aparece también en La ciudad de la esclavina roja, donde abiertamente se dice que todos los cadáveres se reúnen en una especie de punto y final porque todos ellos no serían sino parte de nuestra propia realidad cadavérica.



Asli Erdogan languidece ahora en una prisión turca pese a las protestas del mundo literario y de los defensores de los derechos humanos. Se encuentra confinada en su particular edificio de piedra, a la espera kafkiana de un proceso y un juicio que nadie sabe cuánto pueden tardar aún. Fuera de la prisión las detenciones continúan, nuevos titanes se erigen en señores de la vida y de la muerte mientras conducen sus pueblos con mano firme de guerrero. Es otoño, el verano de la detención va quedando lejos. Espesos nubarrones oscurecen el horizonte, quizá alguien los alcance a ver ya.



Post scriptum
Esta reseña se escribió a finales de otoño del 2016 para la revista Individualia y su primer número de 2017. El mundo conoció la puesta en libertad con cargos de Asli Erdogan el pasado 29 de diciembre (“Asli Erdogan and two others released from jail”, en aljazzera.com, 30 de diciembre de 2016). Esta liberación no fue una absolución ni una exoneración de la escritora, pendía aún sobre su cabeza la acusación de terrorismo y no tenía permiso para viajar fuera del país. En Turquía, actualmente una república presidencialista, el ejercicio de la libertad de expresión lleva a la cárcel.



Referencias
Obras de Asli Erdogan
-          Il Mandarino Meraviglioso, Keller, Milán 2014 [Mucizevi Mandarin, 2001].
-          Le bâtiment de Pierre, Actes Sud, Arlés 2013 [Tas Bina ve Digerlei, 2009].
-          Les oiseaux de bois, Actes Sud, Arlés, 2009 [Sabah ziyaretcisi, Tahta kuslar, Mahpus, Geçmis ülkesinden bir komuk, Bir delini güncesi, 2000, 1996, 2000, 1996, 2006].
-          Die Stadt mit der roten Pelerine, Unionsverlag, Zúrich, 2008 [Kirmizi Pelerinli Kent].
Artículos de prensa
-          Daniel Blickenstorfer, “Vergesst mich nicht. Und meine Bücher. Es sind meine Kinder”, SRF, 3 de septiembre de 2016.
-          Adolfo García Ortega, “Libertad para Asli Erdogan”, El País, 6 de septiembre de 2016.
-          Thu-Huong Ha, “They are trying to kill the truth”: A celebrated Turkish writer sends a letter from prison, Press on, 20 de octubre de 2016.
-          Karen Krüger, “Schriftstellerin Asi Erdogan festgenomen”, FAZ, 17 de agosto de 2016.
-          Leonardo Neto, “A literatura sempre conseguiu superar ditadores”, Publishnews, 19 de octubre de 2016.
-          Tilman Spreckelsen, “Kritik an Türkei bei Eröffnung der Buchmesse. Appel inhaftierter Autorin”, FAZ, 19 de octubre de 2016.






 


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